Siguiendo con mis artículos sobre los orígenes e inicios de la Estadística, me gustaría hoy escribir de una forma menos seria, y si se me permite la expresión “didáctica”, para que no os aburráis.
Os propongo una reflexión profunda sobre la concepción más primaria del mundo. Seguro que os choca:
La apuesta de Pascal (le pari de Pascal)
La apuesta de Pascal (Blaise Pascal, 1623-1662) es el nombre dado a algunas consideraciones de la teoría de los juegos que conciernen a la creencia en Dios.
Para entrar en materia, hay que establecer que la Teoría de decisiones trata acerca de decidir qué hacer cuando es incierto lo que va a pasar. Un caso especial de este problema ocurre cuando no es posible realizar experimentos. En este caso, Pascal apuesta por tres formas de argumentación:
1. Dominio: el caso más simple, cuando un curso de acción es mejor sin importar cómo sea el mundo.
2. Esperanza matemática: El argumento de dominio no tiene en cuenta cómo de probables son los diversos estados de las cosas. Por tanto, se recomienda hacer el acto con la más alta esperanza matemática.
3. Esperanza dominante: Puede ocurrir que no sepamos o estemos de acuerdo con las probabilidades de los distintos estados de cosas. Por ejemplo, supongamos que estamos de acuerdo en que una moneda está sesgada hacia el resultado de “caras”, pero sin embargo, no estamos de acuerdo a la asignación en términos de probabilidad de dicho sesgo (por ejemplo, 2/3).
Vamos al lío: Pascal plantea esta problema: ¿Dios es o no es? ¿Hacia qué lado deberíamos inclinarnos? En este caso, la razón no puede contestar. Pascal concluye que el problema de la decisión está constituido por dos posibles estados del mundo y dos posibles cursos de acción:
a) Si Dios no existe, ambos cursos de acción están a la par. Usted vivirá su vida y de ninguno de las dos opciones sufrirá malos efectos debido a alguna intervención sobrenatural y justiciera.
b) Pero, si Dios existe, entonces apostar a que no le traerá la condena eterna. Apostar que Dios existe puede llevarle la salvación, lo cual es a priori sustancialmente mejor que la condena. Por lo tanto, la apuesta “Dios existe” domina la apuesta “Dios no existe”. El problema de la decisión se resuelve por el argumento del dominio.
Esta concepción de Pascal está basada en el argumento del dominio, explicado anteriormente. Sin embargo, las premisas son algo dudosas, si no claramente falsas. ¿Por qué? Porque los no creyentes raramente pueden dar por hecho que se hayan agotado todas las posibilidades.
Cuando el dominio no existe de forma clara, se necesita el argumento de la esperanza matemática. Para un agnóstico o un ateo como yo, la recompensa óptima, si no hay Dios, es una vida mundana y placentera, sin miedos a represalias o castigos divinos. Muy interesante.
Sin embargo, la recompensa óptima, si hay un Dios, es la salvación, ¡de un valor incomparable!
Es decir, desde el punto de vista matemático, la esperanza de elegir la vida piadosa excede la de elegir la mundana. El argumento de la esperanza concluye: actúe de modo de llegar a creer en Dios. Este argumento, difícilmente puede ser sostenible… ¿Por qué? Porque no podemos dar por válido un sistema de igualdad de probabilidades (1/2) como posiblidad de existencia de Dios, en base al premio que podemos obtener. ¡La salvación es infinitamente superior a los placeres de la vida mundana!
Inevitablemente, finalmente hemos llegado en nuestro pensamiento al tercer argumento, la esperanza dominante:
Si os dais cuenta, los tres argumentos son válidos, pero ninguno es convincente, ya que todos dependen de premisas dudosas y ningún agnóstico se sentiría inclinado a alguna de las tres opciones.Yo, al menos, no.
Lo cierto es que Pascal necesitaba de una premisa necesaria, y es que la fe ha de ser contagiosa.Para acabar, Pascal decía al respecto:
“Usted tiene dos cosas que perder: la verdad y el bien, y dos cosas que comprometer: su razón y su voluntad, su conocimiento y su bienaventuranza; y su naturaleza posee dos cosas de las que debe huir: el error y la miseria. Su razón no está más dañada, eligiendo la una o la otra, puesto que es necesario elegir. He aquí un punto vacío. ¿Pero su bienaventuranza? Vamos a pesar la ganancia y la pérdida, eligiendo cruz (de cara o cruz) para el hecho de que Dios existe. Estimemos estos dos casos: si usted gana, usted gana todo; si usted pierde, usted no pierde nada. Apueste usted que Él existe, sin titubear. Pensamientos.”
¿Vosotros qué pensáis?
Artículo publicado originalmente aquí.
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